Mario Alberto Reyes-enviado Villahermosa, Tab., julio 30 de 2011. Tras la puesta en marcha de medidas más rigurosas para que las organizaciones civiles obtengan recursos y así implementar proyectos de prevención del VIH/sida, el reto para estas consiste en profesionalizarse en los ámbitos administrativo y financiero, señaló Alejandrina García Rojas, coordinadora del Programa de Mujeres y VIH de Salud Integral para la Mujer (Sipam). En respuesta a las declaraciones de José Antonio Izazola, titular del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/sida (Censida), en torno a las deficiencias presentadas por las organizaciones civiles para comprobar sus gastos, la integrante de Sipam recordó que los avances registrados en materia de reconocimiento de derechos de quienes viven con VIH en México, como el acceso a la atención médica y a los medicamentos antirretrovirales, no podrían entenderse sin el “desempeño clave” de la sociedad civil. “Somos las organizaciones quienes llegamos a las poblaciones consideradas clave y quienes buscamos las estrategias más ingeniosas para llegar a los gays, a los hombres que tienen sexo con hombres, a los usuarios de drogas inyectables, a los jóvenes, a las mujeres, siempre desde ambientes respetuosos porque nuestra principal preocupación es que haya menos gente con VIH, que las campañas de prevención sean efectivas y que las personas tengan herramientas para protegerse”. Durante la última jornada del XII Congreso Nacional de Sida, la activista subrayó la escasez de cursos relacionados con la administración de las organizaciones civiles, además de que hay pocos administradores que entienden su funcionamiento y saben apoyarlas en aspectos como el pago de impuestos, elaboración de informes financieros y de presupuestos. Aceptó que en términos de capacitación financiera y administrativa, las organizaciones civiles “sí estamos cojeando”, pero rechazó que sea por “mala fe” o deseos de quedarse con el dinero, sino porque se trata de asociaciones nacidas de la base comunitaria y problemas específicos como el VIH/sida. La activista dijo que la rigurosidad no es sólo del Censida, sino de otros organismos como los institutos de Desarrollo Social y el Nacional de las Mujeres, además de los donantes internacionales quienes exigen más transparencia y un seguimiento más puntual. “Creo que en la historia de las organizaciones, hay algunas no necesariamente con trabajo en VIH que han hecho mal uso de los fondos, si es que han existido esos casos, no se le pueden atribuir a un solo movimiento, sin pruebas es aventurado decirlo”, concluyó. |
Domingo 7 de agosto de 2011, p. 31
Querétaro, Qro., 6 de agosto. La Unidad de Investigación de Neurodesarrollo (UIN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), inaugurada en 2005, ha dado tratamiento a 500 bebés con daño cerebral, para contrarrestar los efectos del mal, a algunos desde el nacimiento, o para disminuir sus efectos en el lenguaje, audición y capacidad motriz de los infantes.
La UIN obtiene el dinero mediante donativos (entre 25 mil y 40 mil pesos) que se requiere para que cada niño reciba la neurohabilitación, tratamiento que impide el desarrollo del padecimiento o en su caso disminuye los riesgos si ya lo presenta, informó Raúl Paredes Guerrero, director del Instituto de Neurobiología de la UNAM ubicado en el campus Juriquilla (municipio de Querétaro).
Setenta por ciento de los casos atendidos han sido exitosos y la demanda en esa unidad, única en su tipo, ha padecido saturación en ocasiones, pues arriban pacientes no sólo de Querétaro, sino de otras entidades del país e incluso del extranjero.
Thalía Harmony Baillet, directora del centro, indicó que los especialistas en neuropediatría, nutrición, auditivos, visuales y de resonancia magnética ofrecen sus servicios por honorarios, pues no cuentan con plazas de base, salvo para los investigadores, pues la unidad pertenece a la Coordinación de Investigación de la UNAM.
Yo me paso el tiempo escribiendo proyectos para obtener dinero
, expresó. Explicó que se buscan donativos mediante la Fundación UNAM u obras de teatro con apoyo de asociaciones o compañías.
El centro da atención a 350 bebés actualmente. Para que el tratamiento sea exitoso, explicó Jesús Barrera, maestro en ciencias, es necesario que los niños, a través de sus padres, efectúen ejercicios para que la estructura cerebral sana realice las funciones de la parte lesionada. El tratamiento debe iniciarse antes de que el infante cumpla tres meses de edad. Estos ejercicios se realizan de cuatro a cinco veces al día.
Además, continuamente los padres deben llevar a los niños a que les realicen estudios cerebrales para identificar alguna lesión no detectada inicialmente.
Sin embargo, 40 por ciento de los padres abandonan el tratamiento en los primeros seis meses de edad del infante, pues muchos provienen de otros estados y no tienen los suficientes recursos para viajar con frecuencia.
Lo idóneo sería que el tratamiento sea constante hasta el primer año de vida del niño, y seguir la supervisión hasta que cumpla ocho años para identificar su desarrollo en materia de aprendizaje, atención y lenguaje, agrega.
Harmony Baillet indicó que la Unidad de Investigación de Neurodesarrollo Doctor Augusto Fernández Guardiola surgió para realizar investigaciones sobre el daño cerebral y encontrar nuevos métodos de diagnóstico de lesión cerebral y tratamientos terapéuticos.
Convenios con el sector salud
Existen convenios con el sector salud para que los menores identificados con factores de riesgo de daño cerebral sean trasladados a las instalaciones del campus Juriquilla.
La mayoría de niños del centro proviene del Hospital de Especialidades del Niño y la Mujer, ubicado en la capital queretana.
Datos de los Servicios de Salud de Querétaro indican que de 20 mil partos que se atienden en promedio al año en todo el sector, 11 por ciento son prematuros, lo que implica que pueda existir riesgo de que el bebé sufra daño cerebral en ocasiones sin que los padres se percaten.
Los factores de riesgo son desnutrición de la madre o del infante desde el embarazo, falta de oxigeno del bebé al nacer e infección.
El mal es identificado cuando el bebé no se sienta, no levanta la cabeza, no habla, no escucha o no camina.
En el país, una de cada cinco discapacidades detectadas está relacionada con daño cerebral ocurrido durante el embarazo o al momento de nacer el bebé.










