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miércoles, 5 de mayo de 2010

Exige Athié que un organismo mundial enjuicie al Vaticano

La pederastia clerical, crimen sistemático, afirma el ex sacerdote

Exige Athié que un organismo mundial enjuicie al Vaticano

Plantea que la humanidad resuelva el caso; el Papa es juez y parte

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Lo importante es que Ratzinger reconozca el comportamiento estructural de la pederastia dentro de la Iglesia y su responsabilidad; si después decide renunciar, es secundario, sostiene Alberto AthiéFoto Carlos Ramos Mamahua
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Miércoles 5 de mayo de 2010, p. 10

Ante el cisma que vive la Iglesia católica por los escándalos de pederastia clerical, el ex sacerdote Alberto Athié exige que un organismo internacional juzgue la responsabilidad del Vaticano y su máxima autoridad en el crimen sistemático y mundial de abuso sexual de clérigos contra menores de edad.

Athié lleva más de 10 años denunciando abusos sexuales del clero. Además, por la perversidad que envuelve a los sacerdotes relacionados con este delito y su encubrimiento, hace siete años decidió abandonar el ministerio, orillado también por la persecución y represión que sufrió del cardenal Norberto Rivera Carrera, quien prefirió defender al pederasta Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, denostado por la Santa Sede después de 60 años de carrera delictiva.

La historia le ha dado la razón, pero Athié no se considera profeta por haber alertado públicamente sobre este delito: Tampoco me siento un visionario. Yo vi algo gravísimo que estaba pasando en México con el padre Maciel y luego lo constaté en Estados Unidos, cuando surgió el caso de 3 mil niños abusados por sacerdotes que fueron encubiertos. Cuando vi eso, pensé: esto es estructural, esto no es la aberración de una persona que está haciendo daño al margen de la Iglesia. Esto es un daño provocado por individuos que abusan de menores sistemáticamente porque son protegidos, cambiados, escondidos, encubiertos por sus autoridades, que privilegian la imagen de la Iglesia y el prestigio del sacerdote por encima del daño, del dolor y los derechos de las víctimas. Es aberrante. Y seguí denunciándolo.

A pesar de haber colgado los hábitos, Athié mantiene su compromiso con los más necesitados y consagra su vida al auténtico compromiso pastoral: ayudar a los demás siguiendo las enseñanzas de Jesucristo. Para muchos, es más sacerdote que algunos ministros con sotana: No podemos aceptar como humanidad que haya instituciones como la Iglesia católica que, en nombre Dios, violan sistemáticamente derechos humanos de personas, especialmente de niños y niñas. Eso lo debe resolver la humanidad. Estamos ante un verdadero reto histórico.

El imperio se tambalea

Los cimientos de la Santa Sede se sacuden por el terremoto de la pederastia clerical, y Athié y otros analistas se preguntan si estamos ante la restructuración o el fin del último imperio sobre la tierra: la Iglesia católica.

Es muy grave lo que estamos viviendo. Resulta que un miembro de la Iglesia católica que llega a ser Papa está acusado de encubrir muchos casos de abusos sexuales contra niñas y niños en el mundo. Y el Papa, al haberlos encubierto, favoreció su multiplicación, y además no aplicó las penas correspondientes.

La expansión de la pederastia clerical no ha hecho más que agravar el problema y el sufrimiento de miles de víctimas: El encubrimiento hizo posible la multiplicación sistemática de los abusos de menores por uno o varios individuos en muchas partes del mundo. Ése es el gravísimo problema del que debemos tomar conciencia y no podemos aceptar que se repita. Ratzinger debe enfrentar esta situación haciéndose responsable, no siendo juez y parte, por eso se requiere la intervención urgente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Tribunal de La Haya o la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

No es la primera vez que Athié lanza un reto a la comunidad internacional; lo hizo en mayo de 2006, cuando acudió ante el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU en México para exponer el caso de la pederastia clerical; entonces le contestaron que lo aceptarían para su estudio.

Sin ser víctima, sino como tercero, creo que debo y debemos todos ayudar a la propia Iglesia a que entienda que esto es gravísimo; así como exigir que modifique su conducta. Lamentablemente siguen sin darse cuenta del significado de la pederastia clerical. No se trata de unos cuantos individuos que cometieron actos perversos que después de mucho tiempo terminaron reconociendo, sino de la conducta ética y estructural que ha manejado la institución durante tantos años.

La respuesta del Vaticano ante los escándalos de pederastia ha sido errática: unas veces, los reconocen; otras, el discurso arremete contra quienes denuncian los crímenes: Al no entender la responsabilidad institucional de este comportamiento, que va desde obispos, religiosos y sacerdotes hasta el comportamiento de la Santa Sede con una congregación que se adjudicó el poder de revisar y resolver estos casos bajo secreto pontificio, por orden de Ratzinger, organizan actos multitudinarios que son expresiones fascistas para decir que todos los fieles están con el Papa y que no se dejarán manipular por mentirosos. El modelo del gran complot contra la Iglesia.

Athié ha estudiado el comportamiento y las reacciones del Vaticano ante la pederastia clerical. Recuerda que Joseph Ratzinger, desde su puesto en la Congregación para la Doctrina de la Fe, aplicó una modalidad de protección a sacerdotes abusadores que no correspondió con el derecho canónico: Quienes están destruyendo la Iglesia son los que mintieron, los que engañaron, los que acusaron a las víctimas de mentirosos, los que protegieron a los agresores. Son ellos los que dañaron a la Iglesia, no nosotros.

¿Y las víctimas de Maciel?

A pesar del pronunciamiento del Vaticano para condenar los crímenes sexuales de Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo –una sentencia papal que llegó 60 años tarde, ya que los primeros abusos se conocieron en 1948–, Alberto Athié considera que la Santa Sede ha despreciado a las víctimas del sacerdote mexicano: El caso Maciel en torno a la protección que se le dio desde el Vaticano no es relevante para ellos, porque se trata de víctimas particularmente del Tercer Mundo. Sin embargo, es uno de los peores casos de pederastia dentro de la Iglesia, porque atraviesa toda la estructura hasta el papado de Juan Pablo II y ahora el de Ratzinger.

Mientras el Vaticano habla de refundar la Legión de Cristo con un comisario nombrado por el Papa, Athié se pregunta por qué no investigar a los cómplices de Maciel: “El gran protector y promotor de Maciel fue Karol Wojtyla –Juan Pablo II–, porque le dio reconocimientos públicos, lo hizo modelo de la juventud, representante suyo ante el sínodo de las Américas. Lo hizo miembro permanente de la formación de los futuros sacerdotes y del clero en la Iglesia Universal… jamás lo tocó”.

Otro de los grandes protectores consignado en investigaciones de especialistas fue el cardenal Angelo Sodano: Él jugó un papel muy fuerte al impedir que el caso Maciel se abriera. Y Ratzinger no actuó, aparentemente por presiones de arriba.

Recuerda que en 2004, cuando Ratzinger abrió el proceso y Charles Chicluna llegó a México, les dijo: este asunto es secreto, les pido por favor que no lo divulguen. Pero las víctimas de Maciel decidieron divulgarlo, porque ya no podían mantenerlo en silencio: “En ese momento la secretaría de Estado dirigida por Sodano emitió un comunicado respondiendo a la pregunta de que si existía un proceso contra Marcial Maciel, y el texto dijo claramente: ‘No existe, ni ha existido, ni existirá’”.

A pesar de estos retrocesos, Athié considera que la Santa Sede no tiene más remedio que caminar hacia el reconocimiento de los errores: Joseph Ratzinger debe asumir, como Papa, la responsabilidad de este comportamiento. Ha reconocido, ha pedido perdón y ha determinado que esta conducta estructural delictiva se debe acabar para siempre en la Iglesia, y adopta medidas para que no se repita, para que quien cometa ese delito sea sancionado y entregado a las autoridades. Sea quien viole a un niño o quien encubre a un cura. Sea cardenal o lo que sea.

–¿Entregarán a los sacerdotes a las autoridades?

–Es un escenario; el otro es que sigan desgastando la situación hasta que llegue un momento en que habrá una autoridad capaz de requerir a Ratzinger y si viaja a un país sea detenido, como le pasó a Pinochet.

Nunca más

Para Athié lo más importante no es la dimisión de Ratzinger: Lo importante es que reconozca el comportamiento estructural de la pederastia dentro de la Iglesia y su responsabilidad. Que determine las reglas para que eso no vuelva a suceder nunca más. Si después de eso él decide renunciar, es secundario.

Una de las voces más lucidas del catolicismo es la del teólogo Hans Küng, quien en carta abierta dirigida a los obispos, publicada el 15 de abril, convocó a una rebelión contra la infalibilidad del Papa: “Lamentablemente no hay una instancia que pueda requerir al Papa un cambio de conducta o revisión de sus actos que contravienen el Evangelio y la ley. No creo que se organice un concilio ni un sínodo para revisar el tema de los abusos sexuales del clero. Se van a reunir para revisar el celibato, la santidad del matrimonio, y dirán que está mal que haya curas desviados, pero no existe fuerza interna para una rebelión”.

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