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viernes, 25 de marzo de 2011

En la frontera, las lesbianas somos invisibles: Sara Espinoza

  • La autora presentó su libro Madres Lesbianas
  • Guillermo Montalvo Fuentes
    La obra es de Sara Espinoza Islas. Foto: Guillermo Montalvo Fuentes
    México DF, marzo 22 de 2011.
    Aunque es originaria del Distrito Federal, hace dos años que Sara Espinoza Islas, radica en Tijuana, Baja California, lo que le ha permitido conocer las condiciones de la población lésbico gay del norte del país lo suficiente para afirmar que, en la frontera, “las lesbianas somos invisibles, parece que andamos por debajo de las piedras, no existimos, estamos en el inframundo”.
    La socióloga, y maestra en Estudios de la Mujer por la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Xochimilco, mencionó que si en la capital del país se avanzó en materia de derechos humanos para el colectivo de la diversidad sexual, en Baja California se retrocedió cincuenta años.
    Recordó que en esa entidad después de aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo en el DF, el diputado local José Alfredo Ferreiro Velazco, del Partido Encuentro Social, impulsó una reforma al artículo 7 de la Constitución de Baja California, misma que apoyaron legisladores del Partido Acción Nacional, para reconocer como matrimonio, únicamente, el celebrado entre un hombre y una mujer.
    “En este contexto, hay quien piensa que no tenemos derecho a casarnos y que, por ser lesbianas, no debemos tener hijos”.
    Como parte de la presentación de su libro Madres Lesbianas, una mirada a las maternidades y familias lésbicas en México, Espinoza hizo un llamado para erradicar, no sólo en Tijuana o en el DF, sino en todo el país, el estigma que “pesa” sobre las madres lesbianas y los hijos de éstas.
    “No hay razón para suponer que nuestros hijos e hijas son entes extraños. No nacen con tres ojos, y lo mismo puede ser feliz el hijo de una madre lesbiana que el de una heterosexual”.
    Subrayó que si bien una alternativa es la inseminación artificial, no todas las mujeres cuentan con las posibilidades para acceder a ella, por lo que en muchos casos se tiene que recurrir a la “inseminación artesanal”, es decir, aquella en la que se da el contacto sexual directo con un hombre para procrear al bebé.
    Al respecto, la psicóloga Ginger Topete, integrante de la organización Mamás Les México, subrayó que en este último caso se debe platicar y negociar, pues aunque la idea de las madres lesbianas sea dejar fuera a la figura paterna, “no se vale utilizar a un hombre y no decirle para qué se le busca; debemos respetar si queremos ser respetadas”.
    Actualmente Espinoza Islas trabaja con la Red Iberoamericana Pro Derechos Humanos en una investigación aplicada en la zona noroeste del país con el fin de analizar lo que sucede con los hijos de familias lésbicas, para lo cual se cuenta con el apoyo de un grupo multidisciplinario, conformado por psicólogas, antropólogas, médicas, filósofas y trabajadoras sociales.
    En 2002 la socióloga empezó la investigación de Madres Lesbianas, producto de su tesis de maestría en la UAM Xochimilco, la cual obtuvo en 2006 mención honorífica.
    Con el sello de la editorial española Egales (Editorial Gay Lésbica) el libro fue lanzado por primera vez en 2007, y ahora en su segunda edición está a la venta en la librería Voces en Tinta, ubicada en la Zona Rosa de la Ciudad de México.
    En la presentación estuvieron también Claudia Samaniego, Norma Ortiz y Lurdes Barbosa, integrantes de Mamás Les México, red integrada por 995 miembros entre jóvenes y madres lesbianas.

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