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sábado, 20 de agosto de 2011

ENTREVISTA. Horacio Franco… una carrera que no se hizo de la noche a la mañana

Susana González
Horacio Franco, flautista internacional
México DF, agosto 09 de 2011.
Horacio Daniel Franco, flautista de corazón, es hoy en día uno de los músicos clásicos mexicanos más exitosos que ejecuta música antigua, contemporánea y popular. Su trayectoria artística se ha basado en trabajo y disciplina traducida en horas y años constantes de estudio.
El músico subraya que no hay otro método para alcanzar el triunfo, y que cualquier carrera que se diga exitosa tiene que sostenerse en el trabajo diario, la imparable disciplina, y en la actualización como profesionista. “En la vida no hay fórmulas mágicas que te hagan resaltar como artista de la noche a la mañana, no hay academias, ni óperas primas”.
Sobre los nuevos "valores artísticos", mencionó que estos son creados por la publicidad y los medios de comunicación para “aspiracionalmente” dar “cierto realce” a diferentes personas, y convencido señala que “una carrera nunca se hace de la noche a la mañana”.
Franco afirma que en México, desafortunadamente, hay gente que con dinero o tráfico de influencias compra una carrera o adquiere puestos importantes. Pero en realidad, asegura, el éxito se encuentra en lo que a uno le gusta, en saber que se tienen facultades para ello; en caso contrario “ni meterse” porque la frustración es segura.
Lucha constante por la música
“Mi gran orgullo es que nadie compró mi carrera. Conseguí los ingresos necesarios porque durante un año di clases en el Conservatorio y en la Escuela Superior de Música, y cuando cumplí 17 años obtuve una beca que me permitió irme a Europa”.
Así fue como este artista se dirigió a Holanda, donde se encuentra el Conservatorio de Ámsterdam, sede de la mejor escuela de flauta de pico en el mundo. Para poder partir, tuvo que mover cielo, mar y tierra, porque no deseaba perder esa oportunidad, en el Conservatorio de México no enseñaban flauta dulce, por lo que tuvo que estudiar violín.
El artista resalta que viene de una familia humilde. Sus padres lo apoyaron una vez que los convenció de que la música era su pasión. “Eran gente muy básica, ellos qué iban a imaginar que la música es una profesión o algo de lo que podías vivir”.
Comenta que sus padres tuvieron siete hijos y como pudieron salieron adelante; pero que nunca reflexionaron a largo plazo con hijos profesionistas exitosos. Para ellos, la vida consistía en casarse, procrear hijos y tener un oficio que diera para vivir. “Mi papá era cantinero, probablemente le hubiera gustado que trabajáramos ahí, pero obviamente no era mi tirada y la de mis hermanos tampoco”.
Asegura que todos los seres humanos tienen una predisposición para algo, lo que sucede es que no se les enseña cuál es. “Yo la descubrí, y fue como sacarme la lotería, por lo cual tuve que trabajar mucho y planear mi vida, porque quería irme de México para estudiar con algún experto en flauta dulce”.
Enamorado de la música
Hoy en día, Horacio Franco es un intérprete clásico exitoso, dedicado a ejecutar música antigua, contemporánea y popular, se presenta en países como Alemania, Israel, Italia, Egipto, entre otros.
Su amor por la música surgió a los 11 años de edad cuando escuchó a una compañera de la secundaria tocar en el piano un poco de Mozart. “Quedé embelesado, yo quería ser pianista, pero mis padres no tenían dinero para comprar el instrumento, y como me percaté que tenía facilidad con la flauta, continué con ella”. A los 13 ya había ingresado al Conservatorio Nacional de Música, donde tuvo la oportunidad de tocar su recordér (flauta dulce) en la orquesta de la cámara.
El artista comenta que la flauta dulce es un instrumento que fue instaurado en las escuelas públicas de Alemania en los tiempos de Hitler en la tercera década del siglo XX, y en México, asegura, mal copiaron el sistema de forma impulsiva; “como todo, primero lo implantan y después ven quién va a enseñarla”.
Para Franco, una de las “grandes tragedias” de México es la deficiente orientación vocacional impartida a los jóvenes, “es ahí cuando te das cuenta de que el sistema educativo mexicano es disfuncional, porque no provee a los maestros, padres, y tampoco a los niños de una visión pragmática, y en un momento dado toman la primera profesión que encuentran y obviamente es donde falla el sistema educativo”.
Esto, dice el artista, se agrava por lo que considera una “pésima” repartición de la riqueza y la corrupción, lo que genera un círculo vicioso propiciado por los gobiernos. El flautista afirma que México sólo ha tenido dos presidentes que han valido la pena: Benito Juárez y Lázaro Cárdenas.
“Cuando llegué de Holanda, hace 25 años, ya titulado, formé varios alumnos, algunos de ellos dan clases en México”. Actualmente ya no instruye flautistas, no le interesa crear intérpretes pues piensa que los pupilos de música profesional no son disciplinados como en su momento lo fue él.
En charla con esta agencia, Horacio Daniel atribuye el relajamiento de la disciplina a la escasa exigencia del sistema educativo, “cuando comienzan a mejorar las cosas, llega alguien y compra una carrera, ahí están los reality show como Big Brother o los televisazos que simplemente dicen qué es lo mejor; lo peor es que la gente lo cree reflejando que vivimos en una sociedad discriminatoria, racista y clasista”.
El artista sostiene que México ha llegado a límites de corrupción y ceguera en el ámbito cultural que dan miedo, siendo que el pueblo mexicano es muy ingenioso. Desafortunadamente, dice, también es un pueblo muy manipulado y muy discriminado. “La radio y la televisión comercial son los que llevan la delantera en la información, y lo mismo está pasando en todo el mundo, la gente está vacía, supone que muchos seres humanos están de más en este mundo”.
Horacio Franco, quien también ha tenido una proyección internacional, desmiente que Europa sea el paraíso del ejercicio de los derechos humanos, pues tanto Holanda como Dinamarca, tras ser ultra liberales en los años setenta, ahora se están yendo al otro extremo.
Él ya no ve a estas naciones como un modelo a seguir, de igual modo, no cree que exista un país ideal. Por ello, se dice disgustado con la mala repartición de la riqueza y la violencia actuales, “porque estamos gobernados por gente incapaz de llevar a este país por un buen camino, no hay congruencia en los gobiernos estatales y creo que como pueblo nos merecemos algo mejor”.
Profeta en su tierra
El flautista considera que de haber radicado permanentemente en Europa, su vida habría sido menos excitante, y aún cuando México vive con errores, no lo cambiaría por nada ya que tiene un público muy entregado. En días pasados lo invitaron a trabajar en la calle, tratando de copiar el experimento hecho en Nueva York con un violinista muy famoso que cobra mucho dinero por cada concierto, lo pusieron a tocar en el Metro y nadie se acercó, solo una señora lo reconoció y le dio un dólar.
Ufano, narra que a él lo llevaron a tocar a la calle de Regina, después a Correo Mayor, Uruguay y por último al Zócalo, en todos los lugares la gente se acercó a escucharlo. Para Franco, el dinero fue lo de menos -por estos conciertos obtuvo 29 pesos-, pues considera que lo mejor fue estar cerca de su “maravilloso público”.
“Por eso vivo aquí, la gente sí me conoce, valora mi trabajo, y aunque he estado en muchos lugares del mundo, no lo cambio por nada, el público mexicano es adorable, entrañable, agradecido, fantástico e incomparable”.
México país discriminador
Con respecto a su homosexualidad, convencido dice que esta nunca fue factor para que se le cerraran las puertas, y que si en algún momento lo discriminaron no supo ni le interesó, “yo creo que la discriminación viene de uno mismo, cuando te sientes diferente desarrollas un mecanismo de defensa contra los demás, porque te consideras una minoría”.
Franco se siente orgulloso de ser quien es, y entre bromas narra que salió del closet al emerger del útero, y que cuando se lo comentó a sus padres se sintió bien, aunque a su madre no le agradó mucho, “pero ese ya fue problema de ella, yo nunca fui infeliz y siempre disfruté la vida”.
El entrevistado es enemigo de la palabra tolerancia, “porque tolerar es aguantar, yo más bien digo, hay que conocer lo que hay en este mundo para entenderlo, porque esto te permite amar, y si no amas, tampoco rechaces, mucho menos desprecies, que es lo que se hace en México”.
Algo que le avergüenza es que en la comunidad de la diversidad sexual existe el desprecio hacia los travestis, hacia a los “niños cabaretitos”, hacia a las lesbianas; siendo que cada quien es diferente. “Piensas: ‘cómo es posible’, cuando eres parte de una minoría, esto me abochorna y me irrita”.
Considera que esta actitud refleja a la sociedad mexicana, misma que en cuestiones de logros sociales vive en un desierto como resultado de las “carencias educativas”… y subraya que la educación es sinónimo de apertura.
El músico reflexiona en la comodidad de su sala y afirma que toda su vida musical ha sido una búsqueda de nuevos públicos, de nuevos rincones, para brindarle a la gente lo mejor de sí mismo, y señala que su música es un arma social para manifestarse como ciudadano.

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