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domingo, 24 de junio de 2012

Tenemos derechos y merecemos respeto como cualquier mujer: sexoservidoras


Tenemos derechos y merecemos respeto como cualquier mujer: sexoservidoras
Muchas ahorran para un día poder irse con sus hijos a otra entidad y abrir un negocio
Ariane Díaz
 
Periódico La Jornada
Domingo 24 de junio de 2012, p. 42
Maternidad y trabajo sexual es una combinación difícil. A las labores domésticas y de cuidado de los hijos se suma lidiar con los operativospoliciacos, la prepotencia de las autoridades y la discriminación social por ejercer la prostitución.
Cinthya, de 38 años de edad, y Teresa, de 50, decidieron hablar con sus hijos sobre el oficio que ejercen desde hace dos décadas, porque la gente se los puede contar de otra forma.
Corina y Fernanda, en cambio, llevan una doble vida. La corta edad de sus hijos les impide explicarles a qué se dedican.
Son trabajadoras sexuales de la zona de La Merced, que comparten el hecho de ser madres solteras que se dedican a la prostitución para sacar adelante a su familia, integrada en ocasiones por más de cinco personas, entre hijos, hermanos o padres.
Vivo muy cerca de la zona donde trabajo y los vecinos o los maestros podían decirle a mis hijos (cuatro niñas y un niño), por eso preferí explicarles yo. Les dije que no deben sentirse mal por lo que hago, porque los amo mucho y es para que ellos tengan estudios y no les falte nada, y lo entendieron, dice Cinthya.
Teresa espera dar a sus hijos menores, de 17 y 15 años, la oportunidad de cursar una licenciatura para poder retirarse. Les dije hace apenas unos años a qué me dedico. Ellos se dan cuenta, ven la ropa, y aunque uso pelucas y trato de que no me reconozcan, algunos vecinos me han visto. Por eso preferí decirles.
La voz se le quiebra cuando recuerda que al saberlo, sus hijos lloraron. Les dio tristeza, aunque saben que lo hago para que no pasen pobreza y puedan estudiar lo que ellos quieran.
Asegura que les ha enseñado a respetar a las sexoservidoras. No somos lo que la gente piensa, que somos malas o que no tenemos sentimientos. Tenemos familia y venimos a trabajar por ella.
La gente nos juzga porque nos dedicamos a la prostitución, pero con un trabajo de 600 pesos a la semana no logras asumir los gastos de tu familia: que los niños coman bien y tengan una vida digna, que no tengan que pedir limosna o trabajar, explica Corina, de 28 años de edad.
“Antes me dedicaba al comercio ambulante, dice, pero con la limpieza del centro histórico tuvo que dedicarse al trabajo sexual.
“No es fácil, a veces me deprimo, pero hay que sacar fuerzas de flaqueza para salir adelante. Soy luchona.
“En las mañanas hago el desayuno y me salgo a trabajar. Cuando llego aquí me cambio y me maquillo, trabajo unas horas y antes de llegar a mi casa me quito el ‘disfraz’ y llevo mi vida como una madre: los ayudo con la tarea, les cocino, cosas así”, dice la chica con mallas de leopardo y ojos felinos maquillados de un verde metálico.
Su peor angustia la vivió en unoperativo que le impidió llegar a su casa en la noche. Inventó que una amiga estaba enferma y que la cuidaría.
Denuncia que a menudo son objeto de agresiones de hombres y mujeres.Desde los carros nos avientan cloro, botellas de vidrio o bolsas con orines. Nos gritan e insultan y eso no es justo. También tenemos derechos y merecemos respeto como cualquier mujer.
Tiene claro que el sexoservicio es sólo un empleo temporal en lo que logra ahorrar dinero para irse con sus hijos aempezar de cero en otro lugar del país, donde le gustaría poner una estética.
Fernanda comparte el mismo plan:Trabajar un par de años más, ahorrar dinero para poner un negocio y llevarme a mis hijos a otro lado.
Con dos hijos y 25 años, cuenta que logró separarse de un hombre que con engaños la inició en el mundo de la prostitución. Primero me llevó a vivir con él, me trató bien dos meses y al tercero me puso a trabajar y se quedaba con mi dinero; si no quería, me golpeaba o me amenazaba con quitarme a mis hijos. Un día le devolvió los golpes y amenazó con denunciarlo. No la volvió a molestar

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