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miércoles, 12 de septiembre de 2012

REPORTAJE. Pornografía alternativa. Una visión feminista del sexo*


Rocío Sánchez
México DFseptiembre 07 de 2012.
Durante siglos, el material pornográfico estuvo reservado sólo para los hombres, y entre ellos, sólo para aquél que tuviera dinero suficiente para conseguirlo. Hoy, con el creciente acceso a Internet, el consumo de pornografía se ha generalizado. En este contexto, surge un grupo de mujeres realizadoras de porno desde la visión del feminismo. También buscan placer y orgasmos, pero alejadas del discurso masculino que somete a la mujer a un rol pasivo.
 
Una joven australiana de 17 años mira por primera vez una película pornográfica que le muestra un muchacho. En la pantalla, una mujer tiene contacto sexual con diez hombres, que de cuando en cuando le sumergen la cabeza en un inodoro. A la espectadora no le parece una escena sexy, pero al mismo tiempo está segura de que podrían existir otras escenas que sí le gusten, que sí la exciten.
 
De ese momento han pasado 15 años. Liandra Dahl hoy actúa, dirige y produce videos pornográficos desde una perspectiva feminista. Cursó un posgrado en Estudios de Género y Sexualidad en la Universidad de Melbourne, Australia, donde creció, y donde apenas entrando a la universidad comenzó a desenvolverse como modelo de imágenes eróticas.
 
La realizadora estuvo en México para participar en la Muestra Cine y Sexo. La Mirada Femenina, que reunió a cinco creadoras más de este tipo de cine, el cual hasta ahora ha sido producido, en su mayoría, desde y para la mirada masculina.
 
De lo privado hacia las masas
 
La palabra pornografía proviene de los vocablos griegos porné, prostituta, y graphein, escribir. Sus primeros indicios aparecieron entre las ruinas de la ciudad de Pompeya, sepultada por la erupción del volcán Vesubio en el siglo I antes de esta era. Si bien estas imágenes no eran privadas, sino que aparecían dispersas por los muros de toda la ciudad, sus descubridores del siglo XVIII decidieron resguardarlas en una colección secreta en el Museo Borbónico de Nápoles, también conocido como Museo Secreto.
 
Como afirma la filósofa Beatriz Preciado en su artículo "Museo, basura urbana y pornografía", "el Museo Secreto opera una segregación política de la mirada en términos de género, de clase y de edad", pues sólo los hombres aristócratas podían acceder a él, no así las mujeres, los niños ni las clases populares. De esta forma, la autora explica que la pornografía contemporánea se entienda como ajena para las mujeres.
 
Esta segregación siguió la misma tendencia con la invención de la fotografía, del cine y del video. Sin embargo, la disponibilidad del internet que ha crecido a partir los años noventa parece haber roto con la antigua forma de mirar pornografía. Ésta se encuentra hoy al alcance de la mano de cualquiera, coincidieron en señalar quienes participaron en las mesas de discusión que acompañaron a la Muestra Cine y Sexo, provenientes del campo de la filosofía, el psicoanálisis, la politología, las leyes y el arte.
 
Algunas voces conservadoras han señalado a la pornografía como una "perversión", una muestra de obscenidad y de la degradación de la condición humana. El doctor en medicina y psicoanalista Néstor Braunstein consideró que "la (verdadera) perversión consiste en creer que el único goce que existe es el fálico". La pornografía feminista, entonces, hace énfasis en la idea del psicoanalista Jacques Lacan de que los goces femeninos van más allá del goce fálico. Por esto, Braunstein consideró interesante la propuesta de la muestra cinematográfica, organizada por el colectivo Ensamble Húmedo, pues se trata de un enfoque diferente del de la pornografía comercial, en la cual "el mercado ha logrado hacer rentable la masturbación".
 
Sube la temperatura
 
Las luces se apagan y la pantalla se enciende. Aparece un joven sentado y recargado en un muro, iluminado por la luz del día. Se ve sólo su torso portando una camiseta informal. Charla un poco sobre lo que le gusta en el sexo y sonríe ante la entrada de la chica que se arrodilla frente a él, no sin antes saludarlo cordialmente. El rostro de ella no se ve, sólo algo de su cabello mientras parece abrir los pantalones de su coestrella. La toma no se mueve, pero sí la cabeza de la joven, rítmicamente. Los labios de él se separan, se agita poco a poco y el rubor se le sube a las mejillas. Lo sexual son sus gestos, su respirar y sus ligeros jadeos cuando se produce el orgasmo. El protagonista del cortometraje Headshot, de la directora Jennifer Lyon Bell, no es lo que se ve, sino lo que se deduce. O ambas cosas. El encuadre y el tema de la película no son nuevos, la directora hace un homenaje a Andy Warhol y su video Blowjob.
 
En estas películas dirigidas por mujeres hay sexo contado de una manera distinta. El ritmo, las tomas, el sonido, los personajes y los cuerpos de los participantes tienden a ser muy diferentes de la pornografía comercial. En este sentido, el escritor Andrés de Luna no se equivocó al afirmar que esperaba "ver un sexo femenino activo y no sólo un receptáculo". Esto porque "cuando la representación del cuerpo va más lejos, por muy explícitas que sean las escenas, se llevan más allá, se les da otro sentido".
 
El público asistente a las películas, integrado más, pero no exclusivamente por mujeres, se muestra curioso. Parece estar en concordancia con uno de los pocos estudios que han abordado el tema del consumo de pornografía por parte de las mujeres. Investigadores de la Universidad Birgham Young, en Utah, Estados Unidos, realizaron una encuesta en 2007 con más de 800 estudiantes de diversas escuelas del país. Participaron hombres y mujeres entre 18 y 26 años. El resultado fue que casi la mitad (49 por ciento) de las muchachas dijo que ver pornografía es una forma aceptable de expresar la sexualidad. Sin embargo, sólo 2.2 por ciento aceptó mirar material pornográfico (videos, revistas o sitios web) una o dos veces por semana, y otro 20 por ciento dijo hacerlo una vez al mes o menos.
 
Libre interpretación
 
Los comentarios se escuchaban al salir de las salas de proyección, en los pasillos o en los mismos espacios de debate de las mesas de discusión. A quienes esperaban ver arte, algunos filmes les resultaron demasiado parecidos al porno comercial. A quienes buscaban porno, algunas películas les parecieron demasiado suaves.
 
Pero durante las proyecciones, las escenas parecen generar el efecto buscado: erotizar. Muchos de quienes van en pareja se besan con más frecuencia o más largamente conforme avanza la película. Los ojos están puestos en una secuencia de close ups de frutas (kiwis, duraznos, fresas) que rezuman su néctar, intercalados con vistas de anos profusamente lubricados. Dedos acarician, picotean, penetran; aumenta la velocidad hasta que por un momento no se logra reconocer si el orificio recién visto es humano o vegetal. Este cortometraje, Fruitcake (de Sara Kaaman y Ester Martin Bergsmark), es parte de la película Dirty Diaries (2009), un ensamble de narraciones visuales cortas donde un grupo de realizadoras suecas plasman su visión del sexo, la pornografía y el placer.
 
Para los puristas, esto no es pornografía, sino pospornografía. Este concepto, escribe el doctor en filosofía Fabián Giménez Gatto, "genera un tercer término tornando un poco obsoleta la oposición erotismo/pornografía, permitiéndonos salir de este binarismo analítico". Es decir, en la pospornografía se cruzan el arte y lo obsceno. Es una representación distinta de lo sexual al romper con el discurso del porno tradicional (tomas súper cercanas, eyaculaciones, cuerpos fragmentados en pechos, nalgas, penes). O como lo sintetizó Benjamín Mayer, fundador de 17, Instituto de Estudios Críticos, al participar en las mesas de discusión sobre el tema, "la pospornografía es la reinterpretación del porno; su objeto no es el sexo, sino la pornografía misma".
 
Como ejemplo está otro corto incluido en Dirty Diaries, titulado Skin. Su directora, Elin Magnusson, presenta a una pareja heterosexual cuyo encuentro comienza estando ambos completamente cubiertos por un traje de tela. Las manos acarician, los genitales se lubrican, las bocas succionan pero todo está separado (o comunicado) por la malla que los envuelve. Las partes del cuerpo van haciendo su aparición paulatina gracias a cortes estratégicos en la tela. Así, los ojos pueden mirar, las manos, sentir y los genitales, unirse. La eyaculación, como en otros de los filmes presentados en la muestra, permanece ausente.
 
Lo sexual es político
 
"Quiero mostrar otro tipo de sexualidades; empoderar el cuerpo femenino y el cuerpo queer", explica Marit Östberg, directora sueca feminista que además produce y actúa algunos de sus filmes. Entrevistada antes de entrar a una de las funciones de sus dos filmes, la ficción Share y el documental Sisterhood, cuenta cómo el público mexicano recibió sus creaciones. "La gente que he visto es muy liberal en muchos aspectos; estoy asombrada por lo inteligente y lo política que es la gente aquí".
 
Share habla de una relación lésbica donde una mujer sufre de celos al saber que su pareja está con una amante, y al mismo tiempo lucha por reprimir el deseo que le provoca estar las tres juntas. Va a buscarlas. Cuando las encuentra, sus ganas de mirar son más fuertes que el impulso de interrumpir el momento. La excitación la envuelve y los tres cuerpos se enredan. Cierto grado de sadomasoquismo hace la historia más intensa.
 
"Busco retratar a la comunidad queer a la que pertenezco, pero, por supuesto, lo personal es político así que creo que muchas mujeres –y hombres– se pueden identificar con las películas que hago". Acerca del sadomasoquismo, comenta que es parte de la sexualidad de muchas personas lésbico-gays, y "sí tiene que ver con la violencia, pero no con del modo como las feministas la entendemos, como violencia doméstica o golpearnos entre nosotras porque queremos causarnos daño; es una práctica sexual basada en el consentimiento".
 
Por su parte, a Liandra Dahl su relación con el porno le ha permitido amar su cuerpo tal como es. "El porno masivo y los medios de comunicación han tenido un papel muy importante en la forma en que las mujeres juzgan sus cuerpos", comenta antes de la proyección de Sunset Fisting, donde enseña a otra chica el arte de introducir el puño en la vagina.
 
Dahl narra que se involucró modelando para sitios eróticos como "I shot myself", donde mujeres amateurs envían sus fotografías de desnudos. Ahí hay mujeres de todas las formas y edades, recuerda, la única condición es que las fotos sean tomadas por ellas mismas. Un paso más allá lo dio al comenzar su sitio "I feel myself", página enteramente dedicada al orgasmo femenino donde ella no sólo administraba, sino también videogrababa a las participantes. "A veces era tan excitante que, de regreso a la oficina, tenía que masturbarme en el baño", cuenta a la audiencia con una sonrisa coqueta. Como en Australia, donde vivía, hacer pornografía es ilegal, se mudó a Ámsterdam y fundó un sitio web que lleva su nombre, donde incluye "todos los cuerpos, formas, identidades y sexualidades".
 
Los trabajos de Erika Lust, Candida Royalle y Tristan Taormino también se pudieron ver en Cine y Sexo. La Mirada Femenina. Sobre la muestra, su curadora, Marianna Palerm, escribió que "las directoras reivindican con su cine el derecho de las mujeres a explorar su placer y su imaginación erótica, el derecho a manifestar lo que les gusta y lo que no, el derecho a ver porno y disfrutarlo, el derecho a ser calientes y no por eso ser violentadas".
 
*Publicado en el número 194 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el jueves 6 de septiembre de 2012
 
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