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viernes, 29 de marzo de 2013

Viacrucis de un refugiado colombiano en México




Viacrucis de un refugiado colombiano en México
Fernando Camacho Servín
 
Periódico La Jornada
Viernes 29 de marzo de 2013, p. 6
El refugiado colombiano Manuel Ramírez Vente, quien llegó al país en busca de tranquilidad, sólo ha encontrado indiferencia, racismo y malos tratos. El peregrinaje de este hombre comenzó hace más de 10 años, cuando tuvo que salir huyendo de su tierra en la ciudad de Buenaventura, ubicada en el departamento de Valle de Cauca, luego de la masacre ocurrida el 5 de mayo de 2001 en el contexto de la lucha entre paramilitares y guerrilleros por el control de la zona.
Aunque sobrevivió a la matanza, Ramírez perdió a un hermano y tuvo que huir de inmediato, luego de que la guerrilla lo señalara como ‘‘objetivo militar’’. Para entonces ya había sufrido el asesinato de cuatro hermanos y un sobrino.
Durante su exilio, el colombiano tuvo que pasar por Curazao, Ecuador y Honduras –con algunos regresos furtivos a Colombia, donde hace poco asesinaron a una de sus hijas, de 18 años de edad–, antes de llegar a México, donde ha solicitado la reunificación de su familia en varias ocasiones, sin recibir ayuda de las instituciones del país.
‘‘Desde que llegué a Coatzacoalcos, Veracruz, el 23 de junio de 2012, comenzó mi sufrimiento. Unos compañeros y yo nos presentamos con una organización de derechos humanos para solicitar refugio, pero nos llevaron al Instituto Nacional de Migración (INM), donde nos mantuvieron tres meses detenidos en condiciones inhumanas’’, contó Ramírez en entrevista con La Jornada.
‘‘Lucran con nuestro sufrimiento’’
En cuanto pudo salir de la estación migratoria, Manuel Ramírez viajó al Distrito Federal para solicitar la condición de refugiado, y aunque las autoridades se la concedieron, el documento que le extendió el gobierno mexicano no le permite conseguir empleo.
‘‘Les pedí que me ayudaran a traer a mi esposa y a mi hijo de cuatro meses que están en Honduras, y a otros dos hijos que siguen en Colombia. Me respondieron que no me podían ayudar a traerlos porque no cuentan con presupuesto para ello, pero podría volver allá al entierro de la hija que me mataron. Si hago eso me estaría enterrando yo mismo’’, lamentó.
“La política de México en cuanto a nosotros (los extranjeros refugiados) es de simulación y mentira. Lo único que hicieron es darme un papel que no me permite conseguir trabajo y así nos están tirando a la mendicidad. No sé cómo lo habrán vivido otros, pero lo que está haciendo hoy el gobierno mexicano es lucrar con nuestro sufrimiento’’, deploró.
Concluye que a la ‘‘falta de ayuda del gobierno’’ se suman racismo y xenofobia. ‘‘Por ser negro sufro de mucha discriminación. Algunas personas lo disimulan, pero otras no. Es mentira que México sea un país hospitalario o solidario; aquí tratan con mucho resentimiento a los latinos que llegamos de paso. No nos creen cuando les decimos que mataron a nuestra familia; ni siquiera un pésame he recibido

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