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jueves, 1 de agosto de 2013

Violencia en el noviazgo, de los problemas sociales más graves en el país: Imjuve


Violencia en el noviazgo, de los problemas sociales más graves en el país: Imjuve
Hay un patrón que atender porque abona la perpetuación de la dominación de género: expertos
Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Jueves 1º de agosto de 2013, p. 36
La violencia en el noviazgo representa uno de los más graves problemas sociales que actualmente se enfrentan en el país. Datos oficiales muestran que 76 por ciento de los jóvenes mexicanos de entre 15 y 24 años ha sido víctima de agresiones sicológicas en sus relaciones, 15.5 por ciento experimentó incidentes de violencia física y, en el caso de las mujeres, 16.5 por ciento vivió al menos una experiencia de ataque sexual.
Son ellas quienes más padecen agresiones en esta etapa de las relaciones de pareja. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo 2007, realizada por el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), la mayor proporción de personas que reciben agresiones físicas son mujeres (61.4 por ciento); ademas, ellas constituyen las dos terceras partes de quienes reportaron haber resultado forzadas a tener relaciones sexuales por sus novios.
Estudios realizados por Eréndira Pocoroba Villegas, del posgrado de la Facultad de Psicología (FP) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), revelan que existen tres ejes en los que se reproduce el orden de género en este problema, en particular contra las mujeres:
En el primero, se repite la concepción sujeto-objeto, donde se considera a la mujer un objeto y, por tanto, le resta la capacidad reflexiva y racional, que es parte de los componentes otorgados a los sujetos para participar en espacios públicos y políticos, entre otros.
Los hombres suponen que la mujer con la que han establecido un noviazgo es de su propiedad y controlan el uso de su cuerpo y su ejercicio sexual, mediante la regulación constante de su vestimenta: su escote, el largo de la falda o de su cabello.
El segundo tiene que ver con la reiteración del orden de género en cuanto a diferenciar dicotómicamente lo masculino de lo femenino.
Los varones tienden a limitar cierta gama de expresiones afectivas y a exaltar el interés sexual como un elemento natural, mientras de las mujeres se espera que restrinjan su sexualidad y sean más recatadas; por lo demás, ellas son percibidas con mayores facultades para el trabajo emocional.
El último eje reproduce el ordenamiento social mediante la división, socialmente construida, de los espacios público y privado. Una manera de ejercer violencia emocional es devaluarlas, humillarlas y degradarlas si, por ejemplo, deciden acceder a espacios que social y tradicionalmente se vinculan a lo masculino. Estas creencias y normas conforman la base para justificar, minimizar, trivializar, incluso naturalizar la violencia contra ellas en este tipo de relaciones.
La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011 arrojó que 25.6 por ciento de las jóvenes solteras de 15 a 24 años enfrentan violencia emocional, seguida de física, sexual y económica.
Esta medición indica que en 21 por ciento de los casos, las víctimas de violencia en el noviazgo reportaron la presencia de moretones o hinchazón; ardor o sangrado vaginal en 4.8 por ciento; cortadas, quemaduras, fracturas, pérdida de dientes, un aborto o parto prematuro en 5.7 por ciento, y 10 por ciento de las jóvenes tuvo que recibir atención médica.
En su libro Violencia en el noviazgo entre jóvenes mexicanos, Roberto Castro e Irene Casique, académicos del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, hacen un análisis de los datos obtenidos en la encuesta sobre este tema del Imjuve. Los universitarios refieren que la violencia sufrida por unos y por otras no es equiparable, y que por lo mismo ésta debe analizarse diferenciando las especificidades para cada uno de ellos. En particular, la violencia que sufren las mujeres puede más claramente entenderse como un patrón que abona hacia la perpetuación de la dominación de género, en comparación con la reportada por los varones

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